Abrí mucho los ojos, sorprendida. "No puede ser, no, ahora no" Mi cuerpo reaccionó inconscientemente y pronunció una palabras sin mi permiso.
-¡Demonio!
Estuve a punto de echar a correr y no parar hasta estar segura de haberme alejado al menos siete kilómetros de esa horrible criatura que me miraba con ojos divertidos. Pero no quise parecer una gacela indefensa contra un león hambriento, así que me erguí en mi silla y clavé mis ojos en los de aquel demonio, de un color azul líquido que en cierta forma, me daba temor. Lo observé de arriba a abajo; tenía los ojos azules y el pelo de un color un poco más oscuro que el castaño. El me miró y yo no pude aguantar su mirada penetrante, así que desvíe mi mirada. Por primera vez, me di cuenta de que todo el mundo tenía sus ojos fijos en nosotros. Un sonido suave, como un ronroneo resonó en todo el establecimiento. Me giré y abrí mucho los ojos. El sonido salía de la boca del demonio. Su risa no estaba concorde con su aspecto. De pronto, chasqueó los dedos y todo el mundo dejo de moverse. Incluso dejé de oír el suave sonido de la respiración y el latido de los humanos de allí. "¡¿Cómo ha podido hacer eso?! Si yo lo hubiera intentado habría muerto de agotamiento" De pronto, aquel ser me daba incluso más miedo que antes.
Me revolví incomoda en mi silla. El se sentó a mi lado, demasiado cerca para mi gusto. Una brillante sonrisa se asomó a sus labios. Me quedé impresionada por la perfección de todos sus rasgos. ¿Cómo podía un ser tan repulsivo resultar tan encantador físicamente?
-Que buen día hace hoy, ¿verdad? -su voz era sarcástica pero su sonrisa no se esfumó en ningún momento.
-Si no contamos que hayas aparecido tú, hoy es un día perfecto - respondí bruscamente
-Bueno, veo que no estás de humor, ¿eh? Pues entonces empecemos por lo fácil. Me llamo Angel y como ya te habrás dado cuenta soy un demonio
-Ah… ¿Qué irónico, verdad? Un demonio llamado Ángel. Seguro que tus padres eran cortos de mente, mira que ponerte ese nombre…
La sonrisa de su cara se borró en el primer momento en que pronuncié esas palabras. Su rostro se tornó sombrío y me entró pánico.
-Mira, no se que pretendes. Pero insultando no vas a conseguir que me vaya.
"Este es bipolar" Pensé.
-Bien. Yo soy Jessica, hija de Zaranda y Pedro. ¿Qué quieres de mí?
Se aclaró la garganta y clavó su mirada en mí. De pronto sentí como si algo taladrara en mi mente, un dolor tan fuerte que estuve a punto de gritar y tirarme al suelo para luego retorcerme de dolor. Pero no lo hice. Apreté los dientes y clavé las uñas en la mesa de madera, rasgándola Aun así no pude evitar que un gemido saliera de mis labios.
De pronto, el dolor cesó. Miré a Ángel y me di cuenta de que el volvía a sonreír. Una oleada de ira me recorrió todo el cuerpo al darme cuenta de que había sido él el que había hecho eso.
-¿Pretendías matarme, acaso? -no grité, mi voz fue como un susurro amenazante cargado de ira
Su sonrisa se hizo más amplia y soltó una carcajada.
-No, no puedo matarte. Aunque créeme, el instinto me dicta que lo haga y estoy reprimiendo un gran impulso. Pero necesito tu ayuda.
Lo miré boquiabierta.
-¿Mi ayuda? ¿Qué quieres, que te de permiso para torturarme y mantenerme como tu esclava?
Él volvió a reír.
-No. Unos demonios estaban en contra de mi familia y han matado a mis padres, creo que eso lo comprenderás bien -estuve a punto de hablar, pero antes de que me diera tiempo a abrir la boca él volvió a hablar -No, no me interrumpas. Supongo que es de sentido común querer venganza. Pero yo no me quiero conformar con hacerles un simple rasguño o una herida. Quiero acabar con sus vidas y que paguen por lo que les hicieron a mis padres, y para eso, necesito tu ayuda.
Esta vez fue yo la que me carcajeé.
-Repito. ¿Mi ayuda? No entiendo como piensas que te puedo ayudar.
-Bueno, si me ven con un ángel, pensarán que soy tan bueno que pude hechizar a uno de vosotros y me tendrán miedo. Eso ayudará. Además, no hay nadie más aparte de ti que esté dispuesto a participar conmigo, pues un demonio lo vería demasiado peligroso y un ángel normal ya me habría matado sin esperar a ver que digo.
-No pienso participar contigo en algo ni aunque me dieran una mansión y además, mil euros.
-Pero, tú también quieres venganza, no lo niegues. Si pudieses, matarías a cualquiera que tenga algo de sangre de demonio.
Gruñí.
-No soy un ángel.
-Lo se, eres medio ángel -respondió con una mirada impaciente
Pero sabía que no podía negarme. Me había dado en mi punto sensible. Era verdad, yo también deseaba venganza, y venganza de la buena.
-Acepto -respondí entre medio gruñido.
El sonrió.
-Mañana, a las 9:00 en la Fuente de Cibeles. Ven con la mente despejada, necesitamos planear nuestro primer asalto.
Dicho esto, salió corriendo del bar y enseguida la gente volvió a moverse y a formar barullo. Pero no se habían enterado de nada de lo que había pasado, gracias al hechizo del demonio.
Un pitido resonó en mis oídos. Saqué el móvil y vi que era mi padre. Colgué y miré la hora. Las 12:30. "¡Oh, no! ¡Me va a matar!"
Salí corriendo del establecimiento y me dí cuenta de que la lluvia había parado y los edificios proyectaban sombras espectrales sobre la luz de las farolas.
Corrí rápidamente hacia casa, pero eso no evitó que mi padre me castigue una semana sin salir. "Perfecto, tendré que escaparme de casa para ir a mi encuentro con Ángel…"
Subí a mi cuarto y me derrumbé sobre la cama, exhausta. Pronto, mis parpados empezaron a cerrarse y me sumí en un sueño lleno de pesadillas sobre ángeles y demonios.

